lugares de café y otoño.
Una pequeña calle con adoquines gastados por el tiempo, cubierto de hojas otoñales secas color marrón que caen de un árbol alto con ramas que a la luz del día regalan una sombra muy cálida. De noche el farol roto ilumina el frontis de un pequeño café nada pretencioso con música en vivo amenizan las conversaciones más joviales de la gran ciudad. Una luz naranja atrapan el ambiente al interior, pero la magia está afuera del local con una corniza color verde oscuro presenta el nombre del pequeño café del callejón. Simulando un patio exterior con unas rejas negras delgadas a media altura encierran unas cuantas mesas de vidrio con una diminuta tornamesa llena de velas que aguantan sin problemas la noche otoñal que se dejó caer. Unas copas largas con vienés son testigos de los labios que tímidamente se conocieron un 17 de Mayo y que un día después jamás quisieron olvidarse.





